UN CAFÉ CON GAUDIER-BRZESKA

Franck González

Nunca fuimos ni somos: nos morimos luchando por nacer. Luis Feria, de Clepsidra, 1983.

Franck González

 Habían pasado unos cuantos años desde el último café en «Los Caserones». Allí recalamos, tras la apertura de «Gato», en la Galería de Manolo Ojeda. Eran días de septiembre de 1991. Sería ésta, si mal no recuerdo, la última exposición “instalacionista” de Leopoldo Emperador. Se cerraba así un ciclo prologado por su «Instalación-Ambiente» de la Casa de Colón en 1976 y asentado finalmente con «Albero» en la Galería Vegueta cinco años después…Tarde desapacible, hablábamos entre sorbos de viento y café. Problemas y cuestiones de representación. Recuerdo que me sorprendió la determinación de Leopoldo: Daba por concluido un proceso que aún contaba con suficientes argumentos para su manutención. Pero mayor era la necesidad de hollar nuevos senderos. Seis meses más tarde abría su primera muestra escultórica en el CIC: «Emperador-Esculturas». Emperador presenta entonces un trabajo nuevo, articulado en torno a tres grandes líneas de intervención: En un primer término, un brutal empleo del material de desecho. En un segundo lugar, una concepción de la escultura definida como un proceso aditivo, a modo de collage tridimensional. Por último, y como consecuencia natural de la materia y el proceso empleados, una profunda carga referencial – formal y literaria – que trasciende la propia representación del sujeto escultórico. La necesidad de intervención en el espacio que había marcado toda su obra hasta 1991 toma un nuevo giro. Nace así la vocación del exterior. Y con ésta llega el grupo escultórico de la Plaza de Sureda en Arucas. Piezas que, tal y como define su propio título, responden más a un proceso individual de cada una de ellas que a una verdadera vocación de diálogo entre la obra y su entorno. Será éste el reto que Emperador se trace en su siguiente proyecto expuesto en febrero de 1997 en el COAC de Las Palmas: «Atlantic-Junction». La propuesta, que contaba con una excelente «puesta en escena», no acabaría en buen puerto y la rotonda entre la Avenida Marítima y Juan XXIII acabaría siendo ocupada por una escultura de Facundo Fierro. Si en “Atlantic-Junction” Emperador sigue haciendo uso de una concepción de la escultura como desarrollo de un proceso de adición mostrado en la propia escultura, la relación entre ésta y el espacio que lo circunda ha cambiado completamente.

Naturaleza muerta. 1992. Hierro. Colección Centro Atlántico de Arte Moderno.

Estamos ante un escultor que altera sensible y conscientemente el lugar de habitación preseleccionado. Una escultura pensada para una localización concreta – como gran parte de su trabajo previo en el ámbito de la instalación – pero pensada también para transformar la «línea de horizonte» tanto del conjunto de bloques de viviendas de la avenida como del propio ámbito portuario. El propio concepto de «puerta» que marca a la obra sólo puede ser entendido como espacio de confrontación y compenetración de los espacios – tanto físicos como conceptuales – circundantes. Tras este proyecto llegarán tres exposiciones que sientan las bases de “Bazaar”, la muestra recientemente inaugurada en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife: «Esculturas» en la galería de «Nano» Doreste en noviembre de 1997, «11 esculturas» en el Club de Prensa Canaria en octubre de 1999 y la muy atractiva colectiva «Arte a la Carta», también la Vegueta, en diciembre de 1999. «Bazaar» presenta parte de este trabajo de los tres últimos años, incorporando nuevas esculturas así como algunos trabajos sobre papel como «El Jardín perfumado». Línea de trabajo, por cierto, presente ya en la muestra «Arte a la Carta» y en donde ya se enunciaban sus irónicos postulados…“Llegados a este punto tendríamos, inexorablemente – me dijo Henri , impostando, como gustaba, su tibia voz- que recalar en los patrones y modelos”. Huero trabajo, debí entonces espetarle. Verter sobre el frío cortado referencias a sintaxis o formas fruto más de la admiración que de la deuda o del vano reflejo poco añadiría a la propia obra. Y aún menos a los respetados maestros traídos como una reata de honorables difuntos a los que se rinde tributo desde la heterodoxia. Cada una de estas composiciones de acero suponen un paso más hacia un proceso formal de depuración y limpieza de líneas. Atrás quedan las anotaciones postindustriales de «Emperador-Esculturas». Se acusa también un giro en la temática elegida: En efecto, el escultor parece querer rendir tributo a la vanalidad. Títulos como «Perplejidad», «Mi amigo el poeta», y especialmente «y para beber, Molino de Viento Gran Reserva» desvelan o más bien sugieren, un discurso paralelo a la propia obra. Un bajo continuo, una mirada socarrona del que parece estar de vuelta de típicos y tópicos, de estilos y modas: Véase si no la cruel representación de «mujer portando un objeto minimalista». La fría carga de la burla destilada sobre su figura descompone todo valor cultural, eliminando de raíz su inmediata referencialidad africana. Mirada subversiva la suya, mirada que se hunde más allá de la materialidad y del alcance de la obra. Subversión necesaria. En este sentido me parece importante el señalar que Emperador, al igual que otros artistas de su generación – como Juan José Gil o Alzola – han sido capaces de romper con sus propias trayectorias. Tal y como Picasso clamaba, el estilo no puede convertirse en un fin sino que debe conservar siempre su condición de medio de trabajo. La ruptura, cualquiera que sean sus implicaciones formales o teóricas, no es precisamente en nuestro país , el resultado natural del tránsito del tiempo. Antes bien nace de una arrojada determinación: La asunción de un reto que no siempre puede concluirse felizmente. Añádase a ello la cortedad del mercado local y obtendremos un pálido reflejo del duro paso que supone la fractura de la propia obra. Y por ende, la mayoritaria pervivencia del estilo como argumento último que conforma la coyuntura actual isleña como un episodio manierista, un gran episodio manierista, sin más. La escultura, en tanto que representación de una serie de temas y modelos, se convierte, a través del tamiz y la herencia de la Historia del Arte en algo más que una sucesión de imágenes. Y es este discurso de presencias, vacíos y homenajes los que Emperador ha sabido hilar, hábilmente, incorporando a sus inertes objetos de acero una memoria sentida.