EL OFICIO DE ESCULTOR

Laudatio Premio Excellens Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel a Cristian Ferrer Hernández.

29 de junio de 2015

Excma. Sra. Presidenta de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, Excmos. e Iltmos. académicos, autoridades, señoras y señores:

No es precisamente la palabra, y menos aún, la teoría del arte, la herramienta usual de mi trabajo. Soy, simplemente, escultor. Aún así, asumo este compromiso y responsabilidad de hacer esta laudatio que para mi, sinceramente, es un honor, pues con emoción y agrado quiero ensalzar los méritos de un escultor al que la Academia Canaria de Bellas Artes, y su sección de escultura, han considerado merecedor del Premio Excellens, galardón que todos los años nuestra institución otorga en el solemne acto inaugural del curso académico, como el que hoy inauguramos. Este año ha sido la sección de escultura la designada a premiar la labor y la trayectoria de dos artistas en las dos modalidades que establece este premio; Magister y Excellens.

Ya mi compañero y excelente escultor, el Iltmo. Academico por la sección de escultura, D. Manuel González, se encargará de ensalzar los méritos de Felix Reyes Arencibia, premio Magister. Mis felicidades al galardonado por su obra y trayectoria.

El premio Excellens, ha recaído,  este año en Cristian Ferrer. Mi enhorabuena.

Conocí a Cristian Ferrer en el tránsito de ambos milenios. Trabajaba en una fundición de Las Palmas, como sustento y formación para ejercer lo que realmente le apasiona; ser escultor.

Aquí están las claves; Vocación, Pasión y Oficio.

Cristian Ferrer es un joven escultor que a pesar de su breve trayectoria ha participado en exposiciones colectivas en Gran Canaria, Fuerteventura, Madrid y Bilbao. Hasta la fecha ha realizado 4 exposiciones individuales. Solo los que ejercemos este oficio sabemos de las dificultades que entraña elaborar toda una exposición de esculturas y más aún en los tiempos que corren. 

Su obra ha sido galardonada en diferentes certámenes, entre los que destacaremos, el 1er premio “Gran Canaria en igualdad” en 2008, finalista en el concurso público del monumento a la memoria de las víctimas del JK 5022 en 2009 y ganador de la II Bienal LUJAN PÉREZ en 2010. Su pasión sigue intacta.

David Smith. Hudson. 1951.

If you want to change your sculpture, change your habit of working (Si quieres cambiar tu escultura, cambia tus hábitos de trabajo) escribió Clement Greeberg en los años 60 del siglo pasado al referirse a la obra de David Smith y a la que, William Rubin hace mención en el catálogo de la exposición monográfica, que el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1975 dedicó a Anthony Caro. Rubin, en su texto, hace referencia a esta frase, al constatar cómo influyó en Anthony Caro el descubrimiento de la obra escultórica de David Smith y la obra pictórica de Kenneth Noland.

Kenneth Noland. Trans Shift, 1964

Para Anthony Caro, un escultor inglés que se formó en el arte moderno como alumno de Henry Moore, la contemplación de las obras de Smith y de Noland, supuso, de una parte, el descubrimiento del “Shaped Canvas” y la frescura y desparpajo en las actitudes de los artistas americanos, un concepto de libertad que, sin complejos, el nuevo mundo aportaba al panorama artístico internacional tras los terribles acontecimientos de la II Guerra Mundial, y tras la que Europa permanecía exhausta y cansada. Paris, Londres y Berlin, los centros de irradiación  cultural europeos anteriores a la segunda guerra, estaban arrasados material y moralmente. El escenario del viejo continente precisaba de la frescura que he mencionado, y por qué no, de la irrupción y pujanza, del mercado artístico que en esos momentos américa lideraba. A partir de aquí, ya nada volvería a ser igual.

Anthony Caro. Woman walking up. 1955.

Este acontecimiento alteraría las nociónes de Caro sobre la superfície pictórica y el volumén escultórico. La apreciación que hasta ese momento, tenía de la escultura como un objeto destinado solamente a sustentarse sobre la peana se vería alterada. Las huellas y texturas dejadas por las herramientas sobre la superfície, y las arañaduras sobre el acero inoxidable, como había observado en la obra CUBI XXVIII de David Smith, le mostrarían un camino de investigación. Este atrevimiento vino a dislocar su percepción del espacio escultórico, su preocupación espacial, es decir; espacio ocupado / espacio vacío.

David Smith. CUBI XXVIII. 1965. Acero inoxidable

A partir de ese momento, Caro, se introduce en la utilización del color como parte fundamental de la piel de su obra y la adopción del ensamblage de piezas industriales encontradas. Desde entonces, ya no le basta el espacio ocupado o el vacío que había desarrollado hasta ese momento de forma magistral, ahora el color adquiere un papel importante y fundamental en el lenguaje escultórico de su obra y esto va a condicionar e inaugurar una nueva mirada hacía la escultura contemporánea de los años posteriores hasta la actualidad.

Anthony Caro. Early One Morning. 1962

La influencia del Expresionismo Abstracto americano y, su posterior desarrollo en el movimiento minimalista, supondrá una convulsión en los lenguajes artistícos establecidos hasta ese momento de la segunda mitad del siglo pasado. Artistas, como el alemán, Imi Knoebel, vendrán a aportar un nuevo escenario plástico de lo tridimensional, una vuelta de tuerca más a la posición del objeto en el espacio, ya no es el pavimento, la transformación de la peana como parte integrante del espacio escultórico que había inaugurado Brancusi a principios del siglo pasado, o incluso, su desaparición. No, ya no son los únicos posibles espacios de intervención. Los artistas buscan, a partir de ahora, espacios de expansión que no condicionen o limiten su libertad creativa. También, la pared es un espacio que ha transformado al soporte “tridimensional”. Es decir; el formato que cuelga de la pared ya no es más la “ventana” por la que contemplamos la escena que se desarrolla ante nuestra mirada, ahora es la escena misma. La autonomía del objeto artístico en sí.

Imi Knoebel. Gartenbild. 2012

Menciono aquí a dos escultores modernos que han influido de manera radical en el lenguaje de la escultura contemporánea, más en concreto, en la escultura en hierro de la segunda mitad del siglo pasado, pues la obra de Cristian Ferrer participa de estos parámetros. Para llegar a este punto, antes debemos rendir tributo al legado de las aportaciones de Julio González y Pablo Picasso, que no son de desdeñar, en cuanto a la liberación del concepto de escultura, y de los cuales somos herederos delimitando y diferenciando con claridad la sutil línea entre  estatuaria y escultura.

Cristian Ferrer, es un escultor del hierro, materia que requiere habilidades, conocimiento y, sobre todo, vocación ante la dureza que el desarrollo de la obra escultórica conlleva, pues supone domeñar una materia dura pero dúctil.

Constantin Brancusi. Maïastra II. 1917
Julio González. Daphne el hierro divino. 1935

Hace años mi amigo, el poeta José Antonio Otero, me dedico un Rondel, que como escultor, aún esas palabras rondan mi cabeza. Palabras que certeramente definen, a mi entender, el oficio de escultor del hierro visto desde la óptica y sensibilidad de un poeta inmenso como fue José Antonio Otero, y dicen así:

Fue en la época del despertar de los sentidos.

Sería allá por el cuarenta y nueve o el cincuenta, y aún le llega el canto del yunque que vivía frente a la casa de su primera infancia. Entonces era como verano todo el tiempo, pero cuando se fugó para cruzar la calle supo además que el repicar aquel era feroz porque su cara ardía. Los cuatro hombres que se afanaban dentro lucían negros; semejantes a la ceniza donde hurgaban, desde la que hacían nacer con grandes tenazas unas barras iluminadas muy parecidas a los helados de frambuesa, hablaban poco, pegaban duro, sudaban siempre.

Diego Velázquez. La Fragua de Vulcano.

Estas palabras sintetizan a la perfección, a través de la mitología de La Fragua de Vulcano, la diaria labor del taller del herrero y eso, es precisamente un escultor del hierro, como bien y modestamente se ha autodefinido nuestro más internacional e insigne escultor y Academico de Honor de nuestra institución, el Excmo., Sr., Don Martín Chirino. Somos herreros de la misma materia que estamos formados y forjadores de nuestros propios sueños.

Son el fuego (la fragua), el agua (la templanza) y la tierra ( el mineral objeto de transformación), los elementos desde los que nuestros ancestros, en su obsesión por domar a la naturaleza y ser dueños de su propio tiempo, pusieron en práctica las rudimentarias habilidades que aún hoy, paradojicamente, son la base misma del pensamiento humano, incluso en este mundo tan “tecnológico” que vivimos.

La naturaleza del artista está, lo digo convencido de ello, en el demiurgo, en el chamán. Y ese papel de hombre mágico que ocupa en la sociedad, desde tiempos inmemoriables, tiene una función simple, precisa e inútil a ojos extraños; dotarla a ésta, a la sociedad, de símbolos, emblemas y totems donde reconocerse. Esta es, amigos míos, la gran tarea titánica de los hombres y mujeres de la cultura. El eterno esfuerzo de Sísifo. Hacer de la experiencia vital y sensorial algo sorprendente. Y esto tiene un nombre, generosidad y, no tiene precio.

Últimamente, en los tiempos que vivímos, esta tarea se engrandece ante tanta adversidad y precariedad.

Rosalind E. Krauss, en su interesante trabajo “Passages in Modern Sculpture”, señala la importancia que el emblema y el totem van a significar en el devenir del arte contemporáneo a partir de la década de los 60 del siglo XX. La autora apunta:

Jasper Johns. Target. 1958

“En estos aspectos, el interés en el tótem y el tratamiento de la materia para crear un emblema o signo está íntimamente ligado a las preocupaciones de los artistas americanos que forman parte del expresionismo abstracto. En algún momento de sus carreras, en general, desde el principio, la mayoría de los escultores y pintores contemporáneaos de David Smith, hicieron objetos que o bien son etiquetados como «totem» o dieron títulos que indirectamente indican una preocupación hacía la práctica del tótem (y continúa)….. especialmente entre los pintores se encuentra una preocupación permanente por el emblema (es de especial mención la obra TARJET .1959 de Jasper Johns). Al igual que otros emblemas, los más familiares, la cruz roja o las señales de tráfico a lo largo de una carretera, por ejemplo, son emblemas que en su función no tienen contacto formal directo con los límites de la superfície en los que se inscriben. Por otra parte, el emblema parece que descansa sobre la superficie a diferencia de las imágenes de representación, lo que puede representar objetos reales a una escala que es más grande o más pequeña que la que realmente tienen, el emblema resiste obstinadamente a la escala en la que, literalmente, se manifiesta y al material del que está hecho”

La obra escultórica de Cristian Ferrer, que aquí presentamos, se inscribe y se alimenta de estos presupuestos conceptuales. Participa de la abstracción geométrica, aplica el color a la piel de sus esculturas y las sitúa, en algunos casos, en la pared, mostrando su interés por el aspecto totémico, al conferirle a algunas de sus obras la estructura de la verticalidad. Son emblemáticas al dotarlas de autonomía, de un discurso plástico que es la esencia misma del objeto, que él define según sus palabras.

Serie Individuo. 40 x 30 x 20 cm. Acero Cor-Ten lacado

“Las obras están exentas de quedar vinculadas a textos. Son obras no sujetas a fórmulas decisivas de palabras ni razonamientos”.

Así mismo declara en otro momento sus intenciones espaciales:

“Cuando una persona acude ante cualquier exposición artística no es únicamente la obra la que se expone a la persona sino, sobre todo, la persona  la que se expone a los influjos que de la obra emanan inundándolo todo alrededor. La obra no es el objeto ni el sujeto. La obra es la interacción y por tanto, es interminable, impredecible”.

 O también:

“Aquí los vacíos no son ausencias de contenidos, son continuidades de la obra descrita y las sombras proyectadas son distintos planos de ubicación que complementan visiones con atractivos comunes”. 

 La obra que desarrolla nuestro escultor, al que pronosticamos un largo recorrido, y por la que esta sección de escultura de la Real Academia, ha considerado merecedor de este premio que hoy se le otorga, solamente es entendible desde la pasión y la vocación. Me viene aquí a la memoria, el lema que preside la Fundación de Camilo José Cela: El que resiste gana.

Trazos. 60 x 25 x 30 cm. Hierro forjado y piedra

“Resistencia”, es una de las grandes virtudes de la que hemos hecho gala los artistas canarios a traves de los tiempos. Resistencia no exenta de dificultades por nuestra realidad geográfica: La ultraperiféria.

Es por ello que nuestra institución celebra con satisfacción que la salud de la creación de nuestros jóvenes artistas canarios siga mostrando músculo a pesar de los tiempos tan difíciles que vivímos los trabajadores de la cultura.

Muchas gracias y buenas noches.

Octubre 2015.