Crónica de un instante

Leopoldo Emperador se asoma de nuevo al mundo desde la perspectiva de aquellos que día a día intentan salir de la mediocridad y de la venta al por mayor del objeto artístico, para ofrecernos lo último de su producción donde plantea un juego sutil, un escarceo intelectual, entre dos binomios apasionantes: Naturaleza – Arte y Técnica _ Arte.

Y lo hace rebuscando en lo más interior de su experiencia plástica, desde los “Alberos” hasta “Casa-Mesa” y “Gato”, donde los actos de fundación y la utilización tímida del despojo, comenzaba a predecir lo que ahora empieza a suceder.

Para ello, exhibe con gracia y magia, reorganizaciones de materiales dislocados, separados brusca, técnica o ecológicamente de su cuerpo matriz. Es la belleza del despojo, tanto si se trata de chatarra industrial, como si de basura ecológica o naturaleza muerta, lo que obliga a diagnosticar las claves de una supuesta estética del desperdicio desde su propia contradicción interna: lo orgánico seguirá muriendo pese al látex, lo inorgánico cobrará vida pese a su muerte aparente. Sólo en este caso elevar a la categoría de belleza el retal industrial puede además ser la última fase del propio proceso de producción.

Ya no hay sobrantes, ya no existe la chatarra porque todo se aprovecha. La basura industrial se activa. Esta ambigüedad, esta incertidumbre, nos propone un acercamiento hacia la posible disolución de la ética de lo útil. Igual que Laurie se pregunta que es más macho, ahora cabe indagar sobre qué importa más: lo claro o lo oscuro, lo positivo o lo negativo, el todo o la nada, el molde o la pieza, la verdad o la mentira…

Construir espacios con piezas vaciadas es definir un papel para el vacío. Si la nave es el producto del positivo, ahora el arte que se genera es el fruto del negativo. El orden impuesto a la chatarra es la provocación consciente e intencionada del Orden; el orden de lo útil se complementa con el orden de lo inútil; se acaba por desestabilizar el sistema -Marcel sonrie – no hay siquiera necesidad de recuperar totalidades en este discurso del fragmento, en el sistema complejo de herejías emancipadas.

En paralelo, los intentos de nueva fundación son constantes, las piezas escultóricas o instalaciones verticales, a modo de nuevos totems, de nuevos hitos para el goce artístico, se erigen como espacios excluyentes y se sirven como pilares donde sustentar este momento fecundo e iluminado. Este proceso material de montaje se complementa con el proceso espiritual de deleite ante la multitud de formas, significados y texturas sensibles que constituyen las esculturas de Leopoldo Emperador.

Sorprende además el cambio de escala, de la gran escala a la pequeña escala más doméstica. Pero también de lo más conceptual se pasa a lo más sensorial, mayor riqueza en el detalle. Sorprende por tanto y como corresponde, la barroquización del objeto, el abandono, al menos por ahora, de la forma pura, del valor exclusivo del espacio sereno generado por la geometría básica y del concepto, hacia concepciones quizás menos puristas pero no por ello menos intelectuales, desde luego de percepción difícil y no aptas para el consumo inmediato, afortunadamente. Lo fractal adquiere valor interno y el detalle no es adorno, no es banal. Es preciso y necesario si se quiere entender el objeto, puesto que es su esencia, su razón de ser. La nostalgia imprimida por el fragmento es la mejor cajita cornelliana del recuerdo.

¡Ah!, se me olvidaba, tampoco es posible su reproducción, Walter dormirá tranquilo, son despiezas únicas.

Vicente Mirallave Izquierdo